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Introducción: Kairós, crecimiento y persecución

En pasadas décadas las Comunidades Eclesiales de Base significaron un Kairós en la iglesia y en la sociedad, ellas reinventaban la iglesia, se volvía al espíritu que animó y fortaleció a las primitivas comunidades, las personas y los grupos se maravillaban de tener la Palabra de Dios en sus manos, de saberse hijos e hijas muy queridos de Dios, descubrían al Jesús Histórico que camina siempre con nosotros y se sentían impulsadas a transformar la realidad de injusticia contraria al Proyecto de Dios en sus ranchos, en los pueblos, en las periferias de las ciudades y aun a nivel del país. El cristianismo en América Latina y El Caribe respondía a los signos de los tiempos y recuperaba su profetismo.

Su crecimiento y persecución
Las comunidades se propagaron en muchos países como una buena noticia, especialmente entre los sectores pobres, evidenciando otra manera de vivir, de organizarse, de ser seguidores de Jesús. Lo que para los pobres y sencillos es buena noticia a quienes detentan el poder les causa zozobra e inseguridad.

Recordemos el informe Rockefeller redactado por Nelson A. Rockefeller para el presidente Richard Nixon en agosto de (1969) y el Documento Santa Fe (1980) de los asesores del entonces candidato Reagan en los que se declara que la Iglesia Católica ha dejado de ser confiable para los intereses de Estados Unidos y hay que reaccionar y tener estrategias en contra. En 1988, aparece el apodado Documento Santa Fe II, que trata de orientar la política exterior de Estados Unidos para la década de los 90 y en el que se vuelve a lo mismo: Se debe entender la teología de la liberación como doctrina política disfrazada de creencia religiosa…

Los poderosos de Estados Unidos se inquietaron por la toma de conciencia de amplios sectores populares ante la realidad de injusticia y opresión. De ahí primero la estrategia de introducir las “sectas”, grupos fundamentalistas y otros como Moon y Hare Krishna.  Se trata de fragmentar, de debilitar y colocar una venda en los ojos de los pueblos, para ello, como contrapartida, habrá que atacar y desprestigiar todo movimiento religioso que, como la Teología de la Liberación y las Comunidades Eclesiales de Base, promueven lo contrario.

La política de Estados Unidos permeó también la de muchos gobiernos y prueba de ello es la terrible represión vivida con especial encono en Centroamérica y en los países del Cono Sur.

No tardó en introducirse la ambigüedad en los documentos del magisterio, la persecución, el desprestigio, la indiferencia, el control especialmente de parte de algunos obispos y párrocos. Se reprimió a los obispos, agentes de pastoral, seminarios que intentaron prácticas pastorales encarnadas entre el pueblo pobre; las CEBs fueron desapareciendo del estudio y práctica de los seminaristas. En un alto porcentaje quedaron reducidas a un movimiento más en las parroquias,  no llegaron a desarrollar plenamente otro modelo de iglesia sino que fueron fragmentadas y la semilla quedó entre muchos abrojos. La Iglesia jerárquica perdió su oportunidad profética de apoyar a las Comunidades Eclesiales de Base quienes podían haber detenido la estrategia de las sectas al contar con un tejido social fuerte.

Se les consideró células marxistas, subversivas del orden establecido por los poderes civiles y ¡cuántos entregaron la vida por ello! Contamos con innumerables mártires, entre ellos laicos y laicas, obispos, sacerdotes y religiosos y religiosas, por mencionar como ejemplo al sufrido pueblo de El Salvador con el martirio de Mons. Oscar Arnulfo Romero, sacerdotes, las hermanas Maryknoll e innumerables miembros de las comunidades de base;  así podemos hacer memoria pascual de tantos mártires. (AP 179)

El conflicto en las CEBs no es un tema tangencial, sino fundamental debido a que toca su espíritu, dado que la esencia de las CEBs es y debe ser el Evangelio de Jesús, y éste entra en conflicto con una historia marcada por el antireino. Las CEBs son comunidades de seguidores de Jesús, proclamadoras del Evangelio, constructoras del Reino. Si la Práctica de Jesús fue conflictiva, la práctica de sus seguidores, si es genuina, irremediablemente tendrá que serlo también. “Bienaventurados serán cuando los injurien y persigan y digan con mentira toda clase de mal contra Ustedes por causa del Hijo del hombre. (Lc. 6, 22)

Una historia llena de dolor, pero inexplicablemente también de alegría y de esperanza, de perseverancia, de perdón, de seguir unidas al tronco eclesial, ellas siendo raíces frágiles y las que logran obtener nutrientes para su crecimiento se fortalecen y nutren el árbol que en tantas ocasiones les ha negado cobijo. Estas raíces encontraron en muchos lugares reconocimiento de parte de la sociedad civil, se valoró su formación, su compromiso y muchos cristianos de las CEBS están en múltiples espacios, organizaciones, realizando significativos aportes y tareas.

Las CEBs lograron sobrevivir y resistir a todos los obstáculos, pero su crecimiento se vio acotado.

Al escuchar que las CEBs siguen con mucha vida un obispo exclamó ¡no se mueren, eh? ¡No se mueren! No sabemos si la exclamación era de gusto, de incredulidad o de qué, pero expresa bien su situación. ¡Viven¡ Las CEBS viven, pero no podemos ser ingenuos ni triunfalistas. Muchas quedaron por el camino, otras debilitadas, otras asustadas, otras se redujeron a grupos sin contagio, muchos hermanos y hermanas se fueron a las organizaciones sociales, y con la certeza de la presencia de Dios muchas más obstinadamente continuaron.  

A semejanza de las primitivas comunidades las CEBs no son perfectas, lejos de ello. En su caminar ha habido errores, confusión, desaliento, rencillas, estancamiento pero nunca ha cesado su búsqueda por vivir el seguimiento de Jesús insertas en su contexto, poniendo en práctica un estilo de vida comunitario, solidario, samaritano, misionero.

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