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Fundamentación II: Experiencia eclesial

CEBs, una experiencia eclesial en América Latina y El Caribe: de Medellín a Aparecida

Las CEBs son un nuevo modo de ser y hacer la Iglesia, entendida ésta como comunidad de Jesús, en el concierto mucho más amplio de Pueblo de Dios, como veremos más adelante. Y en este sentido no hay duda de que Medellín es un marco referencial para la consolidación de las CEBs en América Latina y el Caribe como experiencia eclesial genuina de este Continente: “La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo” (Medellín 15,10). A este reconocimiento por parte de los obispos del continente latinoamericano y caribeño, se agrega la consideración que Pablo VI hace en la EN donde considera a las CEBs como un lugar en la evangelización, y una esperanza para la Iglesia universal (Cfr.: EN, 58).

En todos estos años las CEBs hicieron un  proceso de crecimiento cuantitativo y cualitativo, y las Conferencias recogen, reconocen y avalan ese crecimiento. Puebla  afirma: “Las Comunidades Eclesiales de Base son expresión del amor preferente de la Iglesia por el pueblo sencillo; en ellas se expresa, valora y purifica su religiosidad y se le da posibilidad concreta de participación  en la tarea eclesial y en el compromiso de transformar el mundo” (Puebla,  643).

Aunque Santo Domingo pueda representar una inflexión en el reconocimiento de la importancia de las CEBs, podemos, con todo, encontrar referencias significativas cuando las relaciona con la Iglesia en el mundo: “Son un signo da vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la civilización del amor” (RMI, 51)” (Santo Domingo, 61). Al hablar de la promoción humana y del proceso de inculturación, Santo Domingo muestra la importancia de “aprender de los pobres a vivir en sobriedad y a compartir y valorar la sabiduría de los pueblos indígenas en cuanto a la preservación de la naturaleza como ambiente de vida para todos” (Santo Domingo, 169).

Sin duda, a pesar de las modificaciones sufridas por el texto aprobado por los obispos , podemos afirmar que Aparecida retoma la memoria histórica de las CEBs en la perspectiva de Medellín y Puebla y enraízan esta experiencia eclesial en el seguimiento de Jesús de Nazareth y en los Hechos de los Apóstoles: “En la experiencia eclesial  de América Latina y del Caribe, las Comunidades Eclesiales de Base, con frecuencia, han sido verdaderas escuelas que forman discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre, de tantos miembros suyos. Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (Hch. 2,42-47). Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización. Arraigadas en el corazón del mundo, son espacios privilegiados para la experiencia comunitaria de la fe, manantiales de fraternidad y de solidaridad, alternativa a la sociedad actual fundada en el egoísmo  y en la competencia despiadada”. (Aparecida, 4ª redacción, 193).

Los obispos demuestran que quieren un fortalecimiento y relanzamiento de las CEBs: “Queremos decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y santificadora de las CEBs, en el seguimiento misionero de Jesús. Ellas han sido una de las grandes manifestaciones del Espíritu en la Iglesia de América Latina y del Caribe después del Vaticano II. Tienen la Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad, y la orientación de sus pastores como guía que asegura la comunión eclesial. Despliegan su compromiso evangelizador y misionero entre los más sencillos y alejados, y son expresión visible de la opción preferencial por los pobres. Son fuente y semilla de variados servicios y ministerios a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia” (Aparecida, 4ª redacción, 194).

Concluido el 12º. Intereclesial de las CEBs del Brasil, en Porto Velho-Rondônia , D. Moacyr Grechi, Arzobispo anfitrión, haciendo un balance de ese acontecimiento eclesial, afirma el arraigo de las CEBs en la práctica histórica y en el seguimiento de Jesús . Siguiendo la práctica de Jesús de Nazareth, las CEBs se miran al espejo en la Palabra de Dios y la tienen como compañera de camino. Retoman la memoria del Éxodo (Ex. 3,7-10) que apunta siempre hacia la Tierra Prometida, Presencia del Reino como anticipación de la vida en plenitud que comienza en la Tierra y apunta, en la esperanza, hacia el cielo. Según Dom Moacyr Grechi, “a partir de la Conferencia de Aparecida, las CEBs ganan reconocimiento y nuevo aliento...”

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