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Fundamentación IV: Manera de ser iglesia

Las CEBs una nueva manera de ser Iglesia

a) Un nuevo modo de vivir la fe: Al asumir la Iglesia los nuevos desafíos del mundo de hoy, los cristianos y cristianas, movidos por el Espíritu del Resucitado, se abren a los problemas que los rodean. La fe se deja cuestionar por las ciencias y se abre a los nuevos descubrimientos, exigiendo la reformulación de verdades formuladas en contextos científicos pre-evolucionistas. El Jesús de Nazaret que muestra y reinterpreta al Dios de la historia exige una nueva aproximación teológica como ser plenamente humano (Gal 4,4). Como ser de relaciones, que se hace hombre con y para los demás y con la naturaleza. Histórico, libre, frágil y limitado (encarnado e inculturado) y siempre en construcción. Abierto a la trascendencia en inter y retrodependencia. Es este Jesús de Nazaret redescubierto en su plena humanidad y reinterpretado con los parámetros de una nueva antropología, el que se vuelve punto de referencia de la práctica y reflexión de las CEBs y esta misma antropología cualifica al cristiano que se integra en las CEBs

b) La práctica del Jesús histórico es normativa para las CEBs: La opción por los pobres no es optativa. El Dios del Éxodo (Ex 3,8) que ve, escucha, conoce y desciende a ponerse de parte de los humillados, exige desatar procesos de liberación;  y el Dios Abba, Padre y Madre, de Jesús exige que esos procesos se vean libres del odio al enemigo (Mt 5,38-48), pero no por eso menos radicales a la hora de asumir la lucha hasta dar la vida (Jn. 15,13).
Testimonio de este seguimiento de Jesús profeta y mártir sin odios y al mismo tiempo sin alianzas ni componendas con el mal, lo constituyen los innumerables profetas y mártires que llenan de nueva energía, fortaleza y espiritualidad a las CEBs de América Latina y el Caribe y cuya celebración gozosa y militante  retroalimenta el proceso pascual de las comunidades.

c) Un nuevo modo de transmitir la fe: Se desarrolla una nueva lectura de la Biblia a partir del pobre-excluido (clase), a partir de la mujer (género), a partir de las diferentes culturas (intercultural, afro, indígena), a partir de los ancianos, jóvenes, niños y niñas (generacional), a partir de la lucha por la defensa de la naturaleza (ecológica), a partir de la ciudad y los nuevos areópagos (urbana), en diálogo con otras religiones (ecuménica). Encontramos también, dentro de todo ese proceso, una nueva forma de hacer teología (Teología de la liberación) y una catequesis basada en el testimonio y centrada en la práctica de Jesús de Nazaret. Estas múltiples y nuevas formas de leer la Palabra con  sus respectivas hermenéuticas actúa como fermento de nuevas prácticas eclesiales y sociales. La transmisión de la fe deja de ser eclesiocéntrica y proselitista para volverse reino y cristocéntrica, imbuida de gratuidad. La práctica histórica recobra su autonomía y Dios deja de ser el ser intervencionista, que amenaza la libertad humana y que debe ser manejado con la magia (secular o religiosa) y se vuelve el compañero de camino que acompaña a su pueblo (Lc. 24,13-33).

d) Un nuevo modo de celebrar la fe: La liturgia se expresa a partir de las diferentes culturas (exigencia de la inculturación) y celebra las luchas en defensa de la vida, con gran respeto por la alteridad. La liturgia es así punto de llegada de las experiencias vividas y punto de partida a la misión hacia dentro y fuera de la Iglesia. Se reubican el bautismo y la eucaristía, sacramentos que deben ser reflexionados a la luz del camino recorrido y los nuevos desafíos que se presentan a la Iglesia en todos sus niveles, pero especialmente en el nivel básico de las CEBs por estar éstas mucho más cerca de la vida y de los conflictos que viven los pueblos, especialmente los hombres y mujeres pobres de nuestra América Latina y Caribeña. Es mérito de las CEBs haber descongelado el ritual y haber hecho de las Celebraciones de la Palabra la forma sencilla y sin poder de celebrar la memoria de Jesús muerto y resucitado y de comulgar con su proyecto en la cotidianidad de la vida amenazada del pueblo.

e) Una Iglesia toda ella ministerial, al servicio de la vida: Si hay una raíz bíblica que fundamenta las CEBs y que, aún semi desenterrada por la hermenéutica bíblica de género  y la  reflexión teológica, es sin embargo una plena realidad en las prácticas comunitarias, es la presencia de la mujer en plena igualdad de condiciones con el varón, tal como lo era desde el comienzo creador de Dios (Gn. 1,26-28); tal como lo fue en Jesús (Lc. 8,1-3); tal como lo predicara y viviera Pablo (Gal 3,28; Rom. 16,1-16). La presencia de la mujer ha desatado un proceso de nueva ministerialidad que brota del sacerdocio común de los fieles, el más fiel de los sacerdocios (1Pe 2,9) y que se extiende a todas y todos los cristianos al servicio de la vida.

Podemos ver que una fuerte espiritualidad subyace a todo lo que la comunidad es y hace.  Es una espiritualidad en seguimiento de Jesús y por lo tanto en perspectiva de Reino.  Las CEBs son estructura de gracia, actualizan la liberación de la Pascua-Eucarística de Jesús en todas las dimensiones de la vida cristiana.

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