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Fundamentación VI: El diálogo

Las CEBs y el diálogo ecuménico e interreligioso.

Las CEBs han sido un laboratorio que ha favorecido el diálogo intercultural e interreligioso, asumiendo todas las iniciativas que tienden hacia la justicia del Reino, en la perspectiva de la Lumen Gentium . Queda así cuestionada la Iglesia dueña de la verdad para dar paso a la comunidad de Jesús donde se busca la verdad que ayuda a la vida para todos y todas. Esta comunidad abre los brazos a los pobres como sujetos y protagonistas de su propia liberación, y así se comprende también la importancia del diálogo ecuménico que abre posibilidades al testimonio común y al diálogo interreligioso en la construcción de la nueva humanidad. La apertura ecuménica y el diálogo interreligioso han sido, en América Latina y el Caribe, fruto del servicio común a la misión liberadora de una Iglesia samaritana. Esa dimensión diaconal permite el reconocimiento de la alteridad y la belleza de las diferencias, exigiendo nueva reflexión y una postura creativa frente a las cuestiones étnicas, de género, generacional, ecológica, sin despreciar la cuestión básica de las relaciones de clase. Estamos en un nuevo momento de aprendizaje, donde la nueva hospitalidad exige hospedar a los otros/as dentro de nosotros . El respeto por la alteridad se orienta hacia el desafío de la inculturación liberadora y a la construcción de un proyecto de Iglesia ecuménico, abierto a las diferencias y al diálogo en un mundo plural  y que tenga a los pobres como sujeto preferencial y a Jesús de Nazaret y su práctica histórica como referencial básico.

La aceptación del otro/a es de fundamental importancia para el diálogo interreligioso y nos obliga a comprender el universo cultural y religioso del otro/a. Por eso, no basta un mero conocimiento de los hechos de la tradición, sino que implica “entrar en la piel del otro, calzar sus zapatos, ver el mundo, en cierto modo, como el otro lo ve, (...) plantearse a sí mismo los cuestionamientos del otro, penetrar en el sentido que  para el otro tiene “ser hindú,  musulmán, judío, budista, o cualquier otra cosa” .

Como el diálogo ecuménico, el diálogo interreligioso no es una estrategia, sino que es una forma de espiritualidad. Proviene del corazón, de las entrañas del ser humano, pues todos y todas formamos parte de la misma comunidad humana . Esta es la comprensión que se firmó en el II Encuentro de la Asamblea del Pueblo de Dios, en Colombia, en 1996 :

Frente al desafío del diálogo intercultural e interreligioso, las CEBs se sienten en misión permanente, sin la pretensión de ser una Iglesia triunfalista, dueña de la verdad, sino convencidas de que deben ser humildes, pues todos somos peregrinos de la verdad, compañeros y compañeras de un viaje fraterno y sororal, donde nadie puede tener la pretensión de haber asimilado plenamente la verdad.

Como conclusión de esta fundamentación evangélica-teológica y eclesial, podemos afirmar que las CEBs no son una herramienta ni una estrategia pastoral. Son un nuevo modo de ser Iglesia de base que hunde sus raíces en la corriente original del Evangelio de Jesús de Nazaret y de las primitivas comunidades cristianas y por ello y no a la inversa, son reconocidas como células básicas de estructuración eclesial, en confrontación con estructuras que impiden la visualización del proyecto de Jesús y en apoyo a todo movimiento de dentro o fuera de la iglesia en favor de las grandes causas de la humanidad, que son las causas del Dios de Jesús.


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