La conmemoración que hacemos 50 años después de esa disrupción eclesial, nos encuentra viviendo dos acontecimientos contextuales que no podrían haber sucedido sin el proceso desencadenante de Medellín: el papado de Francisco y la canonización de Monseñor Romero.
La iglesia universal en medio de una de las crisis de credibilidad más agudas de su historia ha volteado a Latinoamérica para escoger un guía espiritual que directa e indirectamente bebió del kairós de Medellín.

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